

Si el veneno fuese agua
que, cual manantial, limpiara
toda la pena y el dolor,
bebería presurosa
del amargo bálsamo
que descansa
en tus inertes labios…
Pero ay, fuiste tan buen soldado
como amante,
amigo y amado…
Y en tus adorados labios
que son cirios
de tan pálidos,
ni una solitara gota me has dejado…
Debo pues gritar,
desesperada por tu marcha
a los hados suplicar,
para que brille de nuevo tu mirada,
para ver tu pecho temblar,
de nuevo, junto al mío,
pues aún quedan muchas batallas,
sueños, por los que luchar…
Y es que estoy aquí para salvarte,
para poner luz a la oscuridad
que atenaza tus párpados con la amenaza
de aquella a quien llaman muerte…
¡Aguanta!
¡Respira!
¡Vive!
¡Vive hoy para luchar mañana!
Abre los ojos, vive…
vive para darnos una segunda oportunidad.














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